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Nathali Gómez

En medio de un “asedio inédito” contra Venezuela, pareciera que cualquier país que se atreva a pensar distinto podría ser susceptible a ser atacado.

“Entender la guerra es el primer paso para ganarla”. Con esta frase abrió su participación en un foro realizado en Caracas sobre el periodismo en tiempos de guerra no convencional el analista político venezolano Gustavo Borges Revilla.

Borges afirma que si se entiende la guerra, “se destraba” y si esto ocurre, “hacemos un plan seguramente conjunto”, que consiste, en su opinión, en la producción de una información de calidad sobre la realidad venezolana y el fortalecimiento de la memoria como recurso de cohesión social.

Actualmente existe un “nuevo campo de batalla” donde la confrontación convencional dejó de existir. “Las guerras ahora son por la iniciativa, por la interpretación y por la opinión“. “Cuando la élite estadounidense y europea consideran un territorio como no globalizado”, ponen un plan en marcha para cambiar esa realidad, expresa.

Globalizarlo significa “insertarlo en el mundo de la especulación, del tráfico de drogas, de personas, de un nuevo esclavismo“.

Libia, Irán, Siria, Afganistán, Venezuela y Bolivia “luchan por preservar su raíz” y por eso son víctimas de la “revoluciones de colores” que buscan borrar sus raíces culturales y destruir la cuestión nacional.

Cien días de miedo

El director del portal venezolano de investigación Misión Verdad se refirió a las violentas protestas opositoras entre abril y julio de este año, que causaron más de cien muertes, entre civiles y militares.

“Los últimos cuatro meses, la angustia era lo que nos levantaba y nos acostaba. Leer tantas noticias, conocer hechos terroríficos, pensar en el futuro”, opina.

Fueron cuatro meses de campañas mediáticas nacionales e internacional en contra del gobierno de Nicolás Maduro, las instituciones del Estado y la convocatoria a un Asamblea Nacional Constituyente para solventar la crisis política que atraviesa el país suramericano.

En esos más de cien días de acciones violentas ocurrieron hechos inéditos en el país como crímenes de odio, atentados contra miembros de cuerpos de seguridad, bases militares, instituciones y poderes públicos.

En opinión de Borges, las nuevas tecnologías definen “el nuevo tipo de guerra que se le está imponiendo a Venezuela” y que se llevó a cabo en países como Libia y Siria.

A pesar de la distancia geográfica y cultural, los objetivos son los mismos. “Apoderarse de un territorio estratégico y esclavizar a una población que no está a favor de la concepción de mundo que tienen las grandes élites capitalistas”.

Aquí estamos dispuestos a construir un mundo distinto“, agrega, “no estamos en el momento donde había una sola voz cantante en el mundo“.

Los meses de protestas, que dejaron víctimas y daños materiales, estuvieron acompañados por presión internacional, sanciones económicas contra funcionarios venezolanos y miembros de la ANC, incluido el presidente Maduro, y acciones de gobiernos de la región en contra del país suramericano.

“La amenaza regional es contra nosotros porque la capacidad del presidente Hugo Chávez de entender la guerra hizo que se intentara hacer un bloque regional de poder” compuesto por el ALBA, la Unasur, la Celac y el fortalecimiento de los acuerdos de cooperación con los países del Caribe, entre ellos Cuba.

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¿Por qué contra Venezuela?

Venezuela es la puerta de entrada de Suramérica y sus costas se ubican en el mar Caribe y el océano Atlántico. Además, tiene frontera con Colombia y Brasil. “No solo hablamos de recursos naturales como el petróleo sino de su posición geoestratégica”, agrega Borges.

En una infografía elaborada por el equipo de Misión Verdad y basada en el Manual TC 1801 de las Fuerzas Especiales del Pentágono, Borges explica la serie de etapas de la guerra no convencional que han atravesado países como Serbia, Georgia y Libia, entre otros.

elg3Infografía basada en el Manual TC 18 01 de las Fuerzas Especiales del Pentágono. / Misión Verdad

 

“Esta pirámide explica el tipo de guerras contra Venezuela. ¿Les resulta familiar el tema de las marchas pacíficas, protestas, disturbios, ataques de edificios administrativos?”, pregunta Borges, ante un auditorio que afirma al unísono.

El analista político se refiere al cerco económico que vive el país, que produce escasez, precios especulativos y el desabastecimiento de algunos alimentos básicos, como parte de la guerra contra el país suramericano.

De igual manera habla del financiamiento extranjero y el entrenamiento a los grupos de choque que confrontaron a las fuerzas de seguridad durante los cuatro meses de protestas.

Se refiere de igual manera a los conglomerados opositores, en el caso venezolano la Mesa de la Unidad Democrática, que ha sido señalada de recibir dinero del exterior para desestabilizar a Venezuela.

También se presentan episodios como ataques a instituciones públicas y militares, como el reciente al fuerte Militar Paramacay y finalmente una “preparación de jerarquías” para asumir un gobierno paralelo, como ocurrió recientemente con los magistrados ilegalmente nombrados por la Asamblea Nacional, que se encuentra en desacato.

Esto es el curso natural de una invasión a un país. Una vez que fallan todas las demás, vienen acciones más directas, porque es una decisión tomada ocupar territorio estratégico”, sostiene Borges.

En el caso venezolano, solo restan dos fases ubicadas en la punta de la pirámide, que corresponden a acciones de guerrillas a pequeña y a gran escala.

Este análisis, basado en las estrategias para las guerras no convencionales del Pentágono fue hecho horas antes de que el presidente estadounidense dijera que “no descarta una opción militar” para Venezuela.

Esta declaración, según el Gobierno venezolano, es “la más grave e insolente amenaza jamás proferida contra la Patria de [Simón] Bolívar”.

La ‘teoría del loco’ o cómo explicar la política exterior de Trump contra Venezuela

Las declaraciones de Washington contra el Gobierno venezolano llegaron al punto más álgido: una amenaza de intervención militar. Sin embargo, el camino previo ha estado lleno de contradicciones y afirmaciones erráticas que para algunos expertos buscan generar el caos.

‘Impredecible’ pareciera ser la palabra que define la relación de la Casa Blanca con Venezuela. Sin embargo, habría que ir más lejos y hablar de la ‘teoría del loco‘, una estrategia de política exterior estadounidense que se utiliza desde los años sesenta justamente para plantear el caos entre los países adversarios.

El pasado viernes en la tarde, cuando la mayoría de los trabajadores venezolanos volvían a sus casas tras más de dos semana sin protestas violentas, una noticia ardió en las pantallas de los teléfonos móviles: el presidente estadounidense, Donald Trump, dijo que no descartaba una “opción militar para Venezuela”.

Este anuncio estuvo precedido por sanciones económicas a altos funcionarios venezolanos, incluido el presidente Nicolás Maduro, además de representantes de los poderes públicos, como respuesta a la convocatoria a elecciones para elegir a los representantes de la Asamblea Nacional Constituyente, en las que el pasado 30 de julio participaron ocho millones de personas, de un padrón electoral de 19 millones.

Distintos funcionarios de Washington habían preparado el terreno con declaraciones catalogadas como sin ‘unidad de criterio‘ por analistas venezolanos. El asesor de seguridad nacional estadounidense, Herbert McMaster, llamó ‘dictador’ a Maduro, mientras que el secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, esperaba un Gobierno de transición y el encargado de Sudamérica del Departamento de Estado, Michael Fitzpatrick, manifestaba su “respeto al Gobierno oficial”.

El investigador británico Nafiz Ahmed en un artículo publicado en Rebelión analiza la ‘imprevisibilidad’ de las acciones emanadas de la Casa Blanca y cita el ejemplo de los bombardeos a Siria y la ‘teoría del loco’ que aplicó Henry Kissinger, consejero de Seguridad Nacional durante el gobierno de Richard Nixon (1969-1973), cuando atacó Vietnam, y que según él, aún es utilizada por funcionarios estadounidenses.

“El planteamiento de Kissinger es que las administraciones estadounidenses eviten la prudencia recomendada por los expertos y opten por ‘la redefinición constante de los objetivos’ y por ‘la fuerza para plantear el caos‘”, afirma Ahmed.

En su opinión, ese comportamiento “errático” y aparentemente “irracional” de los dirigentes estadounidenses es para “aventajar a sus oponentes y rivales” y ponerlos a la “defensiva por temor a la peligrosa volatilidad del poder de EE.UU”.

El factor miedo

El anuncio hecho por Trump “busca dividir a las Fuerzas Armadas, generar miedo e incertidumbre“, explica a RT el presidente de la Federación de Asociaciones y Entidades Árabes de Venezuela, Adel El Zabayar, al tratar de definir cómo se aplica la ‘teoría del loco’ a Venezuela. “Quieren recordarle al mundo que son amenazantes“, dice.

En Venezuela existe control cambiario, una medida regulatoria adoptada por el Gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez, en 2003, que se ha mantenido durante la presidencia de Maduro, para evitar principalmente la fuga de divisas.

Las acciones de EE.UU. han venido acompañadas por un alza de 100% de dólar paralelo (ilegal), que ha causado un incremento de más de 100% en el precio de los alimentos y productos básicos en menos de dos semanas. Este fenómeno especulativo ha causado, según el Gobierno venezolano, una ‘inflación inducida’ y un ‘bloqueo económico de facto’.

En opinión de El Zabayar, “el miedo es lo único que mantiene fortalecido al dólar“, que en menos de una semana pasó de aproximadamente 10.000 a 20.000 bolívares por dólar, incluso después de realizadas las elecciones, que eran presentadas como los analistas económicos opositores como un factor de desestabilización.

“EE.UU. vive y le da fuerza a su moneda a través de demostrar que son una potencia hegemónica capaz de amedrentar a un país”, considera.

Para el venezolano de origen sirio, las acciones en contra de la economía podrían ir acompañadas de acciones contra áreas neurálgicas para el país como el sector eléctrico, industrias básicas o petroleras.

Uno de esos ataques fue denunciado por el presidente de Cantv, la empresa telefónica del Estado, Manuel Fernández, quien informó que el pasado 7 de agosto habían cortado varios cables de fibra óptica en distintas ciudades venezolanas, lo que causó que más de siete millones de personas quedaran sin servicio de telefonía móvil y con fallas en Internet.

Estas acciones se unen a las denuncias de sabotaje al sistema eléctrico nacional que en reiteradas oportunidades ha hecho el ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, quien informó sobre el corte intencional de un cable submarino, el pasado mayo, que dejó sin el servicio al territorio insular del estado Nueva Esparta.

“Es posible que la derecha intente jugar al caos a través de elementos terroristas”, dice El Zabayar.

Según el Manual TC 1801 de las Fuerzas Especiales del Pentágono, analizado por el portal de investigación Misión Verdad, Venezuela es víctima de una guerra no convencional donde solo restan cumplir dos fases que corresponden a acciones desestabilizadoras causadas por “guerrillas a pequeña y a gran escala”. Mientras tanto, la ‘teoría del loco’, donde nada pareciera predecible, podría seguir aplicándose en la política exterior estadounidense con el país suramericano.

N135 Caracas, 15 de diciembre de 2017.- La cesta venezolana de crudo y derivados cerró el viernes con un alza marginal, promediando 56,12 dólares por barril (dpb), empujada por el cierre de operaciones del oleoducto del Mar del Norte, que transporta el crudo de referencia global, Brent. Entre el 11 y el 15 de diciembre, el crudo local subió 0,3 dólares, según reportes del ministerio del Poder Popular para Petróleo venezolano. En lo que va del año, el precio promedio del crudo local se ubica en 46,24 dpb, por encima de los 35,15 dpb del 2016. /CP