EVO-CHAVEZ-FIDEL

En el momento actual venezolano esa disyuntiva, o más bien su solución, es vital. No es una simple pregunta retórica. Es, repetimos, vital que seamos capaces de responder, lo más correcta y cercanamente a esa cuestión.

Son varias las cosas que están alrededor de ello. La cuestión electoral, y la supuesta “lealtad” absoluta que se desprende de ahí, el manejo de la crítica, que solo se puede hacer mientras no se me ocurra criticar lo que ciertos estamentos de dirección han determinado como En el momento actual venezolano esa disyuntiva, o más bien su solución, es vital. No es una simple pregunta retórica. Es, repetimos, vital que seamos capaces de responder, lo más correcta y cercanamente a esa cuestión.

Son varias las cosas que están alrededor de ello. La cuestión electoral, y la supuesta “lealtad” absoluta que se desprende de ahí, el manejo de la crítica, que solo se puede hacer mientras no se me ocurra criticar lo que ciertos estamentos de dirección han determinado como incriticable, las políticas de alianza de clase, que parece que ya no son solamente tácticas, la despolitización de ciertos discursos que descaradamente evitan las discusiones de fondo, el miedo a la radicalidad, o como decía Chávez, el ir a las raíces de los asuntos, de los problemas, y así un largo etcétera.

Y no es simple problema conceptual. No. Es un asunto eminentemente práctico, o quizá práxico. Es decir un asunto donde se encuentran la teoría y la práctica. Es ese espacio donde se trabaja en función de principios colectivos y no por intereses individuales, ni siquiera de un grupo, tribu o partido. Chávez repetía a cada rato cosas como ésta: “la crítica, la autocrítica, eso no se lo podemos dejar a los canales de la oposición, no, nosotros mira, el Correo del Orinoco, el diario Vea, el otro, Ciudad Caracas, deben tener páginas enteras dedicadas a la autocrítica, que el pueblo tenga mecanismos, ah y que nosotros lo leamos, no le dejemos eso a canales de oposición que lo hacen de manera interesada para atacar al gobierno y siempre le dan la vuelta (…)”, pero parece que, a veces, lo oímos poco.

Trabajemos el asunto en dos partes, hablemos un poco, primero, sobre que podría ser “revolución” y luego qué es eso de reformismo.

¿Qué es una revolución?

León Trosky en el prefacio de su “Historia de la Revolución Rusa”, libro que yo, ignorante, considero uno de los libros de historia mejor escrito, afirma: “El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. En tiempos normales, el Estado, sea monárquico o democrático, está por encima de la nación; la historia corre a cargo de los especialistas de este oficio: los monarcas, los ministros, los burócratas, los parlamentarios, los periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen. Dejemos a los moralistas juzgar si esto está bien o mal. A nosotros nos basta con tomar los hechos tal como nos los brinda su desarrollo objetivo. La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”.

El marxismo siempre ha afirmado el papel del individuo en la historia, reconociendo que los individuos o grupos de individuos pueden jugar un papel absolutamente decisivo en determinadas coyunturas de los procesos históricos. Lo que Marx decía  –y en eso tiene absoluta razón– es que en última instancia la viabilidad de un sistema socioeconómico determinado depende de su capacidad para resolver la relación de control metabólico entre la sociedad y el desarrollo de sus fuerzas productivas, o dicho de una manera mucho más simple, en qué hace, conscientemente, la sociedad con la riqueza que crea el trabajo humano. La crisis general del capitalismo en el momento actual refleja, en el fondo, la incapacidad de éste de desarrollar fuerzas productivas al mismo nivel o ritmo que lo hizo en el pasado (ver ¿Un cuento sobre la economía?), pero además refleja la decisión absoluta del capitalismo de no ocuparse de ninguna manera en resolver ese asunto que por la misma razón trivializa, especialmente desde una de sus principales armas, el reformismo que pretende sustituir, desde adentro, al pueblo, único agente real de cambio.

En cierto sentido, entonces, se podría decir que el éxito de una revolución se facilita  si existe un partido del pueblo (¿o diríamos mejor “un ejército de multitudes”?), que pudiera proporcionar la guía necesaria a los estamentos dirigentes de la clase revolucionaria y dotarlas, armarlas, con el programa político adecuado. Miremos bien lo que estoy diciendo, me refiero a un partido del pueblo, -no popular, sino definitivamente del pueblo-, que se ocupe de dirigir, guiar a los dirigentes, que no serán, entonces ni sectores, ni clases y menos aún tribus, con un programa político adecuado.

Pero, el asunto delicado es, por una parte, que la construcción de ese partido o ejército no se puede hacer por decreto y menos aún desde fuera del pueblo mismo. Y por la otra que esa dirección revolucionaria, la que está en cargos del gobierno o en la dirección del partido (que no debiera ser exactamente la misma), sólo puede ser tal, sólo puede “ganar” el derecho a ese nombre, sometiéndose a la prueba de los acontecimientos y la aprobación del pueblo al que no puede pretender conducir, pues del cual debe, indispensablemente, formar parte. ¡No se puede conquistar esa posición ni alabando y mucho menos dirigiendo al pueblo desde los márgenes del pueblo mismo!

Y para llegar a alcanzar esa aceptación necesaria, es necesario comprender la naturaleza de los movimientos populares y sociales que están ocurriendo aquí y ahora, la etapa en la que ellos están, las diferentes tendencias (hasta las contradictorias) que puedan existir dentro de él y en qué dirección se están moviendo. Es decir hace falta una verdadera aproximación dialéctica y práxica de esos individuos de dirección a los procesos que desarrolla el pueblo real. Es importante decir que cuando hablamos de tendencias “hasta contradictorias” estamos pensando en que los movimientos sociales en etapas revolucionaria o pre-revolucionarias, surgen, generalmente, de procesos policlasistas, los cuales si transcurren correctamente, en sentido histórico, irán resolviendo esas contradicciones afincados en la adquisición de una conciencia de clase definidamente popular, proletaria, haciéndose clase para-sí.

Pero según el método dialéctico, cuando nos aproximamos a un fenómeno determinado, con la intensión de apropiárnoslo (en el sentido de entenderlo, de participar, de hacerse parte, de pertenecer…), no debemos partir  de ideas o definiciones preconcebidas, aun cuando aparentemente, dichos preconceptos parezcan correctos en otros contextos. Es indispensable partir de un examen muy cuidadoso, por aproximación analítica, de los hechos (de esos que llamamos “realidad”), no de los ejemplos, las digresiones o los preconceptos, sino de los hechos (reales) mismos. Y no estamos hablando de estudio, solamente, estamos hablando de vivir, pues nunca será suficiente el ponerse una camisa roja e ir a tomarse una fotos “al lado del pueblo”. Ni siquiera es hacerse pueblo. Es serlo, simplemente, con todo lo que eso pueda significar. Y aun cuando eso es otro asunto, es evidente que un dirigente que no estudia, porque está muy ocupado o por lo que sea, está, además de cualquier otra cosa, en el lugar equivocado.

Fidel en aquel tan citado discurso del 1ero de mayo del 2000, nos decía; “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender los valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”. Texto que por cierto escuche a cierto “hiperrevolucionario” calificar de reformista.

Necesitamos centrar todo esto en Venezuela, y discutir, por ejemplo, el papel de los movimientos y los individuos en dichos acontecimientos, hablar sobre el sujeto histórico, sobre aquella orden del golpe de timón: “Comuna o nada”; es decir, sería necesario e inevitable partir de los propios acontecimientos,  pues cualquier definición en sentido dialéctico, que pretenda ser, por lo menos, válida, debe partir de un examen cuidadoso de los hechos y los  procesos mismos, y no con o desde imposiciones vistas o traídas desde fuera, repetimos, por muy correctas que estas puedan parecer en otros contextos.

Y esa primera aproximación, el necesario examen primario, quizá nos muestre que el movimiento popular  venezolano, el sujeto revolucionario, no tiene una idea clara de lo que realmente persigue, de los que realmente quiere, lo que sí parece completamente definido es que sabe muy bien lo que no quiere. No quiere regreso al viejo orden, a los antiguos partidos y a los viejos dirigentes burgueses: Ha podido paladear,  por muy  parcial y limitado que ello haya sido, lo que puede significar ser libre y no desea regresar a la vieja esclavitud. Con cada fibra de su ser añora un cambio fundamental y definitivo de sus condiciones de vida. ¡Y eso es lo que para el pueblo significa “chavismo”!  Y ese sueño de un cambio real en sus vidas, se resume en la herencia que Hugo Chávez representa. Es muy delicado, en sentido histórico, que eso no se comprenda realmente o, lo que es peor, que entendiéndolo se quiera utilizar para satisfacer intereses grupales o individuales y no para solucionar, en sentido revolucionario, procesos sociales reales.

Resolver esa contradicción, antagónica ya sin dudas, nos permitiría responder con más seguridad a la pregunta de la que hemos partido en esta reflexión. Comenzaríamos a tener elementos para responder no solo qué es una revolución, sino, y particularmente, que revolución estamos tratando de hacer. Sino que nos alejaría, seguramente, de las tentaciones de la conciliación, de la componenda, del negoceo.

Comenzaríamos, así, a ver claro. Comenzaríamos, de alguna manera, a definir la utopía, a hacer concreto lo intangible.

Terminemos esta parte con esa afirmación tajante de nuestro Comandante Chávez: “Cuidado con las corrientes esas, que no se definen muy bien, si es socialismo, es capitalismo, cuidado con el reformismo. No es reforma que estamos haciendo aquí, es revolución, es una revolución”.

¡Es evidente que todo debiera estar claro entonces!

Hablemos en la próxima conversa sobre ese mal que nos aqueja y que niega la revolución: El reformismo., las políticas de alianza de clase, que parece que ya no son solamente tácticas, la despolitización de ciertos discursos que descaradamente evitan las discusiones de fondo, el miedo a la radicalidad, o como decía Chávez, el ir a las raíces de los asuntos, de los problemas, y así un largo etcétera.
Y no es simple problema conceptual. No. Es un asunto eminentemente práctico, o quizá práxico. Es decir un asunto donde se encuentran la teoría y la práctica. Es ese espacio donde se trabaja en función de principios colectivos y no por intereses individuales, ni siquiera de un grupo, tribu o partido. Chávez repetía a cada rato cosas como ésta: “la crítica, la autocrítica, eso no se lo podemos dejar a los canales de la oposición, no, nosotros mira, el Correo del Orinoco, el diario Vea, el otro, Ciudad Caracas, deben tener páginas enteras dedicadas a la autocrítica, que el pueblo tenga mecanismos, ah y que nosotros lo leamos, no le dejemos eso a canales de oposición que lo hacen de manera interesada para atacar al gobierno y siempre le dan la vuelta (…)”, pero parece que a veces lo oímos poco.

Trabajemos el asunto en dos partes, hablemos un poco, primero, sobre que podría ser “revolución” y luego qué es eso de reformismo.