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Reblog de: Emilio Hernández, 7/4/2018

Tenemos una economía en crisis monetaria, en un trasfondo de crisis de producción. Pero no podemos decir simplemente que para salir de la crisis tenemos que aumentar la producción: tenemos que resolver el problema monetario de inmediato. Es como si un hijo nuestro tuviera una infección y una fiebre muy alta. Lo urgente es bajarle la fiebre e inmediatamente proceder con el tratamiento de antibióticos, que lleva su tiempo. El problema monetario actual es la fiebre, si no bajamos esa fiebre nos va a matar. Uno de los principales obstáculos epistemológicos de la “ciencia” económica que se practica en Venezuela es la obcecación con respecto al anclaje del bolívar al dólar. Esta limitación de enfoque no permite ver más soluciones a las crisis monetarias que esperar a que haya mayor oferta de dólares (o menos demanda por éstos). Algunas personas quieren hacer alarde de “creatividad” y plantean sustituir la fijación freudiana hacia el dólar por una fijación freudiana hacia otra moneda, como el yuan, el rublo o el euro. Querer estabilizar el bolívar contra una moneda que tiene su propia política monetaria, en función de los objetivos de la autoridad monetaria de otro país, es una aspiración periférica, colonizada. Hay un océano de publicaciones en economía con respecto al anclaje de monedas a commodities, en vez de anclarlas a otras monedas. Sobre todo en términos de una estabilidad global, que exigiría tasas de cambio relacionadas con bienes menos volátiles que las monedas, como el oro y otros minerales. El anclaje de una moneda a un commodity o al precio de exportación del mismo, particularmente en países monoexportadores, también tiene una amplia literatura. En particular, este tema ha sido ampliamente desarrollado por un economista estadounidense llamado Jeffrey Frankel. No es que este economista sea de izquierda, ni mucho menos, simplemente es un observador de las crisis cíclicas de los precios de los commodities y su impacto en las economías emergentes, altamente dependientes de la exportación de estos commodities. En varios artículos, Frankel sugiere una esquema llamado PEP (Peg the Export Price, o Anclaje al Precio de Exportación) y, más recientemente, el anclaje a una cesta de valores que incluye precios de exportación de commodities y de otras monedas. Un anclaje al precio del commodity de exportación podría ofrecer ventajas en dos sentidos: una estabilización que teóricamente podría tener el patrón oro o la dolarización (posiblemente a través de una caja de conversión), combinada con la posibilidad de ajuste automático a los cambios abruptos de precio de los commodities que las tasas de cambio flotantes podrían ofrecer. Pero no es ni patrón oro, ni dolarización, ni libre flotación en un mercado monetario. En otras palabras, una moneda anclada al precio de exportación de un commodity se revalúa frente a otras monedas si el precio del commodity sube, y se devalúa si el precio del commodity baja. Pero la moneda, frente al commodity que la respalda, mantiene su paridad como política de la autoridad monetaria de dicha moneda. El Bolívar y el Petro El petro, por decreto presidencial, está anclado al precio del barril de petróleo. Es relativamente fácil mantener el valor del petro en torno al barril de petróleo: Venezuela debería honrar este anclaje aceptando el petro, del mismo modo en que acepta el dólar o el yuan, como divisa para el pago de la factura petrolera. Incluso, para asegurar la demanda por el petro, podría ofrecer un pequeño descuento a la venta de petróleo en petros. Concebir el petro en otros términos, por ejemplo como un activo de inversión de riesgo como el bitcoin, podría ser suicida. Además, es irresponsable desde el punto de vista del manejo de la hacienda pública. Un individuo o un fondo buitre pueden jugar a la lotería de los precios, pero es inaceptable que lo haga un Estado, mucho menos un estado socialista. Lo único que faltaría para completar la ecuación del equilibrio monetario es el anclaje del bolívar al petro. Sería como un anclaje del bolívar al precio de exportación del petróleo pero en dos niveles. Estos dos niveles permiten una cierta capacidad de maniobra para hacer política monetaria, por ejemplo, cambiar la paridad del bolívar con el petro, controlar las emisiones de ambas monedas o mantener tasas de interés diferenciadas, no necesariamente diferentes de cero. Más adelante, el anclaje del bolívar al petro podría evolucionar al anclaje a una cesta de commodities o de activos a su vez anclados a commodities, como el Petro Oro. Si se considera oportuno, se puede incluir otras monedas en la cesta del anclaje al bolívar. Podemos actualmente anclar el bolívar al petro y mantener una paridad fija, si emitimos suficientes petros. Por ejemplo, una tasa de Bs 1.000.000 por petro (o sea, BsS 1000 x petro), el circulante venezolano a la fecha es de alrededor de 200 millones de petros. Las reservas petroleras son tres órdenes de magnitud superiores. Con suficiente oferta de petros, se logra mantener la paridad bolívar-petro. El petro sería como “el billete de 1000 bolívares soberanos”. Si con BsS 1000 compramos un petro ($60 en estos momentos) y no hay escasez de petros, ¿quién compraría dólares a una tasa del Dólar Today? Este marcador y cualquier otro se harían insustanciales. Pasarían a la historia. Otra de los atavismos epistemológicos de la “ciencia” económica es concebir cualquier tipo de recurso como un bien escaso. Es cierto que las reservas petroleras no son infinitas, “sólo” se han certificado 300 mil millones de barriles, con posibilidad de que una nueva certificación se realice con un factor de recobro mayor y esa cifra aumente. Pero a efectos prácticos del anclaje del bolívar al petro durante, digamos, los próximos 20 años, la emisión de petros puede hacerse perfectamente sin escasez, como si fuera un recurso “infinito” (que no lo es) debido a que no capacidad de compra en bolívares para tantos petros. Es por eso que, emitiendo petros suficientes, se evita la “bicicleta” cambiaria y un eventual “Petro Today”, porque a efectos prácticos, no habría escasez de petros. Al cabo de unos años, una vez recuperemos un equilibrio en la balanza de pagos, la masa monetaria de petros deviene en un circulante internacional. El petro será una divisa que retorna al país como pago de petróleo y eventualmente de otras exportaciones. No habría que seguir emitiendo petros, salvo por razones de política monetaria, que incluso podría aconsejar retirar petros de circulación en ciertos momentos. En paralelo, podríamos ir revaluando el bolívar frente al petro, para lograr una paridad que determine un salario mínimo digno. Pero lo principal es olvidarse del dólar como referencia para el valor del bolívar, superar ese atavismo económico. Iniciar la era de la referencia petróleo para el bolívar. O de la referencia commodities para el bolívar, cuando incluyamos el oro, el gas, el coltán y los diamantes, entre otros, en la cesta de commodities para anclar el bolívar.