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Siria ha promovido la construcción de gasoductos con países como Irak, Irán y Turquía para el comercio de hidrocarburos con Europa.

Siria se ha conformado como un eje estratégico en Medio Oriente, su posición geográfica y lo que eso significa para la economía mundial es uno de los principales motivos para que Estados Unidos y sus aliados de Occidente intenten hacerse del control político de esa nación.

Por otra parte, el establecimiento de alianzas entre Siria y Rusia para el combate del terrorismo en el Medio Oriente, proponen un nuevo equilibrio en el escenario político mundial.

El desarrollo de actividades comerciales al márgen de los intereses de países de Occidente, principalmente a EE.UU.pone en riesgo los intereses económicos estas naciones, entre ellos, el monopolio del mercado de hidrocarburos.

Siria tiene una posición geográfica de gran valor, ya que comparte fronteras con Turquía, Líbano, Israel, Irán, Irak y Jordania lo que permite conectar las importantes fuentes de petróleo y gas de los mayores productores de Oriente Medio e Irán con Europa a través del Mediterráneo.

El presidente Bashar Al-Assad anunció en 2009 la implementación de la estrategia de “los cuatro mares” con la que Siria se consolidaría como un paso privilegiado para el transporte de hidrocarburos entre el Golfo Pérsico, el Mar Negro, el Caspio y el Mediterráneo.

Esto dejaría por fuera los canales “habituales” controlados por Estados Unidos.

Siria vive desde 2011 un conflicto en el que el Ejército gubernamental se enfrenta a grupos armados de la oposición y organizaciones terroristas, entre ellas Daesh y el Frente al Nusra (actualmente, Frente Fatah al Sham). La guerra propiciada por EE.UU. y sus aliados ha dejado en siete años de conflicto armado más de 400.000 personas fallecidas y más de 11 millones de desplazados.

El apoyo militar ruso en el combate al terrorismo, ha sido clave para Siria en la recuperación de buena parte del territorio que había perdido durante el conflicto armado. Esta alianza ha servido para consolidar la posición de la nación árabe en la región como entidad que no está dispuesta a ceder su soberanía a Occidente.

Washington por su parte, apoyó inicialmente a los grupos opositores sirios y más tarde enfocó la lucha en contra del autodenominado Estado Islámico, ha cambiado su argumento para mantener su presencia en territorio sirio y justificar la ejecución de miles de ataques aéreos y el entrenamiento y equipamiento de un número de grupos rebeldes.

El catedrático español José Antonio Egido asegura que entre las razones de la guerra se encuentra la destrucción del panarabismo (movimiento que busca la integración del pueblo árabe) y del cual Siria es cuna, añade que EE.UU. y las potencias europeas quieren un mundo árabe dividido para liquidar todo movimiento progresista en la región: “poner fin al Gobierno de Bashar al Assad es fulminar los gobiernos de avanzada y antiimperialistas en el Medio Oriente”.

Estados Unidos busca además fortalecer a Israel y a las monarquías que son aliadas de las potencias occidentales como la de Arabia Saudita, Kuwait y Bahréin para mantener su control geopolítico en la región.