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En Venezuela la visión capitalista hiperespeculativa se internalizó hasta las tuétanos del sector económico en sus componentes comercial y bancaria hasta tal punto que ese grupo busca arrebatarle a los trabajadores, lo que hoy, después de cinco años de ataque sistemático contra el poder adquisitivo, el Estado y el Presidente Maduro les devuelve mediante un audaz y certero programa de recuperación económica.

Sector económico insurrecto, fuera de toda regla y comportamiento racional. Empresarios, comerciantes y banqueros sólo saben multiplicar sus ganancias al infinito. Tras saquear el Estado y a los trabajadores, con el mayor cinismo declaran “no saber dividir tres ceros”, ni cómo pagar impuestos ni créditos, mucho menos salarios dignos a sus trabajadores.

Frente a esta insurrección, el Estado está en el ineludible deber de proteger la soberanía de los trabajadores y consumidores, defender el papel del ingreso, del consumo y del salario, y hacer retornar el equilibrio en las relaciones económicas y la sindéresis de sus actores mediante la aplicación severa de la ley.

Este programa híbrido está diseñado para enfrentar la guerra irrestricta que nos han aplicado, y devolvernos la paz económica. Busca inutilizar las armas del enemigo monetizando los recursos de todos los venezolanos, convirtiéndonos en una potencia financiera. Sin eludirlo, persigue limpiar la economía de mercado, neutralizando la mano visible, quemándola y haciéndole pagar caro, sus tácticas criminales de guerra contra el pueblo.

Así como hicieron que nos dolieran los aumentos salariales, debemos hacerles doler el alza de los precios y sus ganancias exorbitantes, bien sea a través de los impuestos a las ganancias descomunales y la aplicación férrea de otras modalidades de control, incluida una nueva contabilidad para bajar el delirio especulativo, aplicando sanciones y deteniéndolos en seco. Castigarlos y reeducarles su cleptofilia empresarial. Deben entender, por las buenas o las malas, que tener una empresa no exime la responsabilidad social, más en una “economía de mercado competitiva” y en el marco de un Estado Social de Derecho y de Justicia.

No se les impide ganar, sólo que su ganancia no debe destruir la sociedad y la capacidad adquisitiva del salario. Controlar la hiperinflación inducida e impedir la especulación de guerra, controlando además los volúmenes y unidades del subsidio que el Estado otorga, deben servir de complemento ideal al programa de recuperación económica y así tornarlo invulnerable.

MARÍA ALEJANDRA DÍAZ