La pasada semana, el presidente venezolano Nicolás Maduro realizó una importante visita de Estado a China, de la que retornó con importantes acuerdos que abren paso a nuevos espacios para la nación bolivariana que le permitan sortear la guerra económica que le ha impuesto al país el imperialismo norteamericano y sus aliados. Pero Venezuela no juega sola y algunos actores, representantes de lo más abyecto del injerencismo, comienzan a desesperarse.

Maduro anunció en una rueda de prensa con medios internacionales los resultados obtenidos en su visita al gigante asiático, en el transcurso de la cual se reunió con el presidente chino Xi Jinping, el primer ministro de ese país, las máximas autoridades del Banco del Pueblo de China, el Banco de Desarrollo, el Comité Internacional de Comercio, el Centro de Estudios Internacionales del Consejo de Estado, entre otras reuniones del más alto nivel.

El protocolo desplegado en la visita del mandatario venezolano a Beijing no es usual en ese país y constituye una clara señal de qué tan importante fue la presencia de Maduro y la trascendencia que se le otorgó a la misma.

“Con China hemos construido una relación estratégica que ha atravesado varias etapas. En la etapa de grandes ingresos petroleros y de bonanza, con China avanzamos en la creación de un fondo de financiamiento chino-venezolano”, explicó el mandatario.

En épocas de vacas gordas se desarrollaron entre Venezuela y China diversos acuerdos por más de 62.000 millones de dólares, que permitieron a la nación caribeña desarrollar importantes planes sociales, particularmente obras de infraestructura y la Gran Misión Vivienda Venezuela, que ha dotado de hogares de calidad a más de dos millones de familias.

“En la época de las vacas flacas logramos acuerdos sustentables desde el punto de vista financiero y económico. Esta visita inicia una nueva era en las relaciones China-Venezuela, en el marco que estamos iniciando una nueva era de recuperación económica”, agregó Maduro.

Explicó que se desarrollaron acuerdos en materia petrolera; aurífera; explotación de hierro, acero y aluminio; producción y distribución de medicamentos, la incorporación de Venezuela al proyecto comercial “la Franja y la Ruta” impulsado por China, telecomunicaciones y adecuación tecnológica, intercambio cultural y educativo, seguridad y defensa, así como la instalación de un comité empresarial binacional.

En materia petrolera, el convenio con China permitirá a Venezuela duplicar su explotación petrolera y exportar a China un millón de barriles de petróleo diarios, para lo que se realizará una inversión de más de cinco mil millones de dólares.

China se comprometió, además, a adquirir más de veinte mil millones de dólares en productos de la oferta exportable venezolana, para lo que invitó a los empresarios de este país a participar de la Feria Mundial de Comercio de Shanghai, que se realizará entre el 5 y 10 de noviembre de este año.

Para cumplir con la demanda china, la industria venezolana deberá potenciar sus capacidades productivas (lo que redundará en la creación de empleo y desarrollo económico nacional) para multiplicar por millones la oferta exportable nacional.

Venezuela recibirá además asesoría de expertos chinos en materia cambiaria y de respaldo a su moneda, así como el apoyo para la implementación del Programa de Transformación y Recuperación Económica que implementa el país desde el pasado 20 de agosto.

Maduro destacó “la solidaridad especial” que se recibió durante la visita y el conocimiento que había en China de la situación venezolana, incluyendo su economía.

El mandatario venezolano destacó también que Venezuela y China están “conectados con el mundo del futuro y el camino de la paz y la vida”, por lo que señaló que su Gobierno respalda la Doctrina del Destino Común de la Humanidad que impulsa el gigante asiático sin imposiciones de ningún tipo a los países y con un trato respetuoso de la soberanía de los Estados.

“Los esquemas de financiamiento que tenemos con China no generan deuda, todo el dinero que China ha financiado se ha pagado con petróleo. No ha generado ni deuda ni hipoteca, sino desarrollo”, indicó Maduro. “China no nos impone condiciones como hace el Fondo Monetario Internacional con Argentina”, agregó.

A Almagro se le fue la moto

Mientras esta visita se desarrollaba en China, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, dijo en una rueda de prensa: “en cuanto a la intervención militar para derrocar a Nicolás Maduro, no debemos descartar ninguna opción”.

Esta expresión, es casi una copia textual de la realizada en agosto de 2017 por Donald Trump, que dijo: “Tenemos muchas opciones para Venezuela. Por cierto, no descartamos una opción militar”.

Pero fueron acompañadas además por declaraciones del canciller colombiano, así como del embajador norteamericano en ese país y el nuevo embajador colombiano en Estados Unidos, Francisco Santos, que continuaron agitando las banderas de guerra contra la Patria de Bolívar.

Las destempladas declaraciones de Almagro, que habían sido precedidas por una eufórica intervención en el Miami Dade College en la que el secretario general gritó “No podemos descartar ninguna medida para tirar abajo la dictadura de Maduro”, mientras era aplaudido de forma exultante por lo más radical de la ultraderecha fascista de Cuba y Venezuela que residen en esa ciudad y se habían reunido a escucharlo.

Las declaraciones han sido tan terribles, que incluso la inmensa mayoría del Grupo de Lima (integrado por los gobiernos de derecha del continente aliados a Estados Unidos) se pronunció en contra de esta y generó una avalancha de condenas de todo el planeta.

El canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, fue enfático al afirmar: “si hay una palabra que Uruguay detesta es la palabra intervención”. “Detestamos la palabra intervención porque lo único que trae es sangre y muerte”, agregó Nin.

La condena fue tan unánime y extendida a lo largo y ancho del mundo, que Almagro se vio obligado a grabar un mensaje institucional pretendiendo decir que no había dicho lo que sí había dicho y escudarse en la situación de supuesta crisis humanitaria de la migración venezolana.

Sin embargo, el secretario general omitió indicar cuáles son los dos países con más personas migrantes en el continente americano: México, con cerca de 14 millones, y Colombia, con más de 12 millones.

Colombia, además, con la particularidad de ser el país del continente (y uno de los primeros del mundo) con mayor número de desplazados internos y con mayor cantidad de refugiados esparcidos a lo largo y ancho del planeta.

La propia Venezuela ha recibido en su seno más de 5:600.000 colombianas y colombianos que han llegado al país huyendo del conflicto armado y de la miseria ampliamente extendida en el país, sobre todo en los territorios rurales abandonados de la presencia estatal.

Venezuela sigue siendo un país donde casi la tercera parte de la población corresponde a migrantes extranjeros, incluyendo también a un millón de migrantes de origen árabe (fundamentalmente sirios, libaneses y palestinos), 500.000 peruanos, 500.000 ecuatorianos y otros 500.000 chinos, 400.000 portugueses, 250.000 españoles, 200.000 italianos, 100.000 haitianos, 80.000 guyaneses, 60.000 dominicanos, entre otros.

Más de nueve millones de habitantes de los casi treinta que componen la población venezolana, han nacido fuera de Venezuela.

La gran diferencia es que en Venezuela han gozado de los mismos derechos que cualquier ciudadano nacido en el país, sin que Venezuela pidiera un solo dólar para atenderlos, y se los ha considerado siempre como un aporte a la construcción de la propia identidad nacional.

Venezuela vive y siente la integración con Latinoamérica y el mundo en su propia realidad cotidiana. Defiende además el derecho de las personas a la libre circulación en todo el mundo.

¿Estarán todos los gobiernos del mundo dispuestos a lo mismo?